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El auge de las bebidas «nolo» y las kombuchas vascas

Una vida más sana, una alimentación más cuidada y la conciencia sobre los riesgos de un consumo excesivo de alcohol han traído el auge de las bebidas «nolo». Tienen entre 1,2% (bajo en alcohol) o 0,5% de alcohol (sin alcohol) y cada vez ocupan un mayor espacio en el mercado.

Adaptándose a los nuevos hábitos de consumo, en 2015 aparecieron las primeras alternativas sin alcohol o con baja graduación de bebidas alcohólicas, y cada vez la opciones son mayores: cerveza, vino, vermut, ginebra, whisky, licores…

Pero entre todas las opciones, una que ha destacado con fuerza es la kombucha, una bebida natural ancestral que cada vez tiene más adeptos. A partir de infusiones de tés o hierbas que fermentan al contacto con una mezcla de bacterias y levaduras se logra una bebida dulce, ácida, fresca y con sabores únicos a la que le atribuyen múltiples beneficios para la salud.

Se trata de una bebida milenaria originaria de Asia que se ha ido extendiendo por todo el mundo. Pero los vascos no se han quedado atrás, y han creado sus propias marcas. Hoy en día hay una amplia oferta de kombuchas en Euskadi.

Mucha Kombucha

Griffin Halpern originario de San Diego (California) y el donostiarra Arturo de Diego son los fundadores de Mucha Kombucha. Les unió el surf, pero la kombucha les hizo socios. Harper le dio a probar su bebida casera, de Diego se enamoró de ella, y vieron la oportunidad de desarrollar este proyecto.

En su fabrica ubicada en Peñas de Aia producen kombucha de manera local, artesanal y sostenible, con ingredientes ecológicos y naturales. No contiene gluten, lactosa ni azúcares añadidos. Hacen lotes pequeños para respetar la integridad del producto y su sabor, y controlan minuciosamente cada proceso.

Además de la kombucha original, la elaboran con manzana y jengibre, granada, coco y vainilla, o mango y piña.

Kombucha Itxoste

Itxoste es una pequeña empresa local de producción de alimentos ecológicos. Inspirada en la permacultura y otras ramas del diseño sostenible, quieren contribuir a estimular la regeneración del entorno en sus múltiples dimensiones. Cultivan, transforman y divulgan desde esa visión integral.

En el caserío Zeleta de Soraluze elaboran artesanalmente la kombucha con ingredientes con certificación ecológica y KM 0. Junto con la kombucha original, también producen variantes con jazmín e hibisco, citronela o un mix de tres sabores.

Ama Brewery

Ama Brewery nació en 2020 de la mano de los cocineros Ramón Perisé y Dani Lasa, el viticultor Sancho Rodriguez y Henietta Lovell proveedora de variedades de té de pequeños agricultores sostenibles de Japón, India, China, Sri Lanka y África. Para su infusión emplean agua del manantial de Alzola.

Ama pét-nat tea es una bebida ligeramente espumosa de baja graduación alcohólica elaborada a partir de la fermentación de infusiones de té. Partiendo de esa base de kombucha, la bebida envejece en botella al menos 6 meses lo que genera una burbuja de textura fina, con 1,5º de alcohol, cítrico y refrescante, un champán de té –petillant de té–.

Tienen cinco productos: BAT a base de té sencha, BI de té de citronela orgánica fermentada, HIRU de té Malawi verde y peonia blanca, LAU de té Oolong y BOST de te blanco Jasmine Silver Needle.

Miwi Real Drinks

Esta marca de Bizkaia cuenta con una gama de bebidas naturales, sin pasteurizar, creadas a partir de una fermentación de té verde y azúcar de caña orgánico, sin edulcorantes ni ingredientes artificiales. En Miwi eliminan todo el azúcar presente en su elaboración al alargar la duración del proceso de fermentación, de este modo no tiene alcohol ni apenas calorías.

Tres opciones: Fresh Mojito con lima y menta; Wild Berries con frambuesa, granada y flor de hibiscus; y Ginger & Lemon con limón y jengibre, así como una caja que recoge todas las opciones para quienes quieran probar sus productos.

Venden directamente al consumidor a través de su web y de un novedoso sistema de compra por SMS o WhatsApp. Muestra de su compromiso con la sostenibilidad, el packaging es 100% reciclable y externalizan el proceso de producción –la kombucha se elabora en una planta de Córdoba– permitiendo optimizar la eficiencia de fabricas que no están al 100% de su capacidad, para reducir emisiones y el impacto medioambiental.

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